martes, 29 de septiembre de 2015

Una joven entre jóvenes

Por: Hna. Pilar Neira, CCVI
Yo tenía 13 años cuando hice mi Primera Comunión. Fue un 25 de febrero 1984: un día muy especial porque además ese día nació mi última hermana. Sin saberlo este acontecimiento marco mi vida. El domingo siguiente yo, como toda adolescente, fui a Misa muy temprano queriendo recibir a Jesús. Cuando llegué a la Capilla no había ninguna persona presente. Yo entré y me senté en la primera banca. Luego escuché una voz que me decía: “buenos días, jovencita”; yo respondí: “buenos días, Padre”, y él me dijo: “no te han enseñado que cuando se entra en el Templo, hay que saludar al dueño de casa, que es Jesús Eucaristía”.
Allí descubrí que yo no comprendía la presencia de Jesús Eucaristía y con mucha paciencia el Padre, me explicó. Al terminar la Misa me llevó delante del Sagrario, lo abrió y me mostró el lugar donde se guardaba la Comunión. Yo me sentí muy emocionada.
Al salir de la Capilla yo hice un compromiso con el Señor: que yo sería catequista de niños(as) para enseñarles que Jesús está presente y se queda con nosotras(os) en la Eucaristía.
Así conocí a las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado en la Parroquia “San Francisco de Asís”, Chimbote. Para entonces, ya era catequista y pertenecía al Movimiento Juvenil donde nuestra asesora era la Hna. Teresa Conroy,CCVI.  La cercanía,la atención y la alegría de Tere, siempre me cuestionaron y ella me invitó a una jornada vocacional donde surgió la pregunta si yo deseaba ser misionera.
Cuando la Hna. Teresa me hizo la invitación yo tenía enamorado; estudiaba en la Universidad la especialidad de Administración y trabajaba para ayudar a mi familia después de la muerte repentina de mi papá. Para mi era imposible pensar en ser una religiosa por el contexto en que vivía, pero la invitación resonaba muy hondo en mi ser. Comprendí que la primera condición para seguir a Jesús era dejar mi enamorado y mi familia. Yo sentía que no podía hacerlo, me aferraba a pensar que ellos me necesitaban. Después de tres años de oración y discernimiento le respondí al Señor que “SÍ”.
Tuve dos experiencias que me ayudaron a confirmar mi vocación. La primera experiencia tuve con un niño cuando visitaba los colegios para animar el mes misionero en mi parroquia. Lo que hacíamos era orar por las misiones y recolectar dinero para ellas. Cuando terminé la motivación, un niño se paró y me dijo: “Yo no puedo dar dinero porque soy muy pobre; yo espero a mi mamá cada noche para saber si voy a comer; a veces mis compañeros y mi maestra me dan comida. Por eso no puedo ayudar.”
Entonces yo le dije: “pero tu puedes orar por las misiones” y el me contestó:“no se rezar… pero tú me vas enseñar”. Al escucharle, se me partió el corazón y cuando salí del salón de clases mis compañeros(as) del grupo me dijeron: “vamos Pilar no te vas a quebrar ahora, nos faltan tres salones de clases para terminar.”
La otra experiencia fue en Cambio Puente cuando apoyé a nuestras Hermanas con la catequesis para niños(as) y jóvenes. Me impresioné la sencillez de vida de las Hermanas y servicio a los pobres. Ellas me cambiaron la imagen de religiosa que yo tenía. Su acogida y su acompañamiento me ayudaron a descubrir que Dios me llamaba y que yo me resistía a escuchar su invitación.
Así empezó mi contacto con nuestra Congregación y mi camino de entrega que me llevó
a consagrar mi vida al Verbo Encarnado desde hace 23 años:

“Mi alma alaba la grandeza del Señor;...porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde servidora...” Lc 1: 46-48.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Jean Chezard de Matel, nuestra madre espiritual



De modo muy especial en septiembre  recordamos con cariño a Jean Chezard de Matel; quien nació a la vida eterna un 11 de septiembre de 1670. 
Nacida en Roanne, Francia en 1596, fue una mística, escritora, directora espiritual y teóloga, en un tiempo en que las mujeres no eran reconocidas en estos roles. 
Si bien nuestra fundación fue en 1869, nuestros orígenes como Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado  y acompañamiento han sido guiados por la visión profética de nuestra muy querida madre Jean Chezard de Matel: ser esa presencia real y tangible del amor de Dios aquí y ahora.
Jeanne nos mueve a acoger al Verbo Encarnado como María lo hizo. Es decir hacer de nuestras vidas: pan de compasión, sencillez, generosidad, construir en justicia y paz para ser 'recipientes' del amor de Dios y saciar las hambres del mundo.


En su autobiografía y otros escritos, observamos su profunda e intima relación con el Verbo Encarnado: Jesús. Ella era una ‘enamorada' de Jesús, la pasión de su vida era amarle.
Conocer al Verbo Encarnado en el evangelio, la llevó a “extender el ministerio de la Encarnación”, propósito por el cual fundó la Orden del Verbo Encarnado y del Santísimo Sacramento  que es tanto contemplativa, como apostólica.
Pues su llamada fue contemplar al Verbo Encarnado y después, encarnar ese Verbo en el apostolado. Y así es nuestra Congregación: una respuesta a este llamado. Nosotras, contemplamos en la acción y la acción nos lleva a contemplar al Dios de la Vida. 
La vida de Jeanne fue una vida llena de luchas, de oposición, de períodos de oscuridad y de mucha esperanza. Pero fue de todo ello, lo que hizo de su vida tan humana y la mujer que llegó a ser.  Por ello, damos gracias y nos seguimos encomendado a su protección.

Por: Hna. Katty Huanuco, CCVI.

martes, 8 de septiembre de 2015

Sister Pauline Nugent, CCVI nos comparte su vocación

Es para mí es un privilegio vivir siendo una religiosa de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado (CCVI) de San Antonio, Texas.
Tenemos un compromiso de por vida que nos lleva a hacer realidad el amor del Verbo Encarnado en los sucesos ordinarios de la vida cotidiana. Sostenidas por una vida de oración contemplativa y con el apoyo de la Comunidad, aprendemos a crear un espacio seguro y sagrado en nuestra relación con otros para así poder afirmar la dignidad y las diferencias de las personas a quienes servimos.
Aprendí, por experiencia, la realidad del amor de Dios en el corazón de mi familia católica irlandesa, donde mi vocación religiosa se nutrió y recibió apoyo a través de la oración diaria y de la vida cristiana.
A los 15 años de edad lo dejé todo para seguir a Cristo como misionera, tomando una decisión que produjo un gran impacto en mi vida y de la que nunca me he arrepentido. Este llamado personal, acompañado de la experiencia dinámica y personal del amor bondadoso de Dios hacia todo su pueblo, me ha llenado de alegría interna y de paz incluso en medio de los retos y vicisitudes de la vida.   
Mi ministerio activo ha sido la enseñanza; una profesión que amo y valoro profundamente. Independientemente del nivel de instrucción o de la materia, considero que esta noble profesión es una posición desde la cual se ejerce el impacto de mayor alcance para hacer el bien en la vida de las personas. En mi juventud, empecé con los niños de primer grado; fue en realidad un gozo incomparable. Después enseñé latín, francés y alemán en Incarnate Word High School en San Antonio. Más tarde, enseñé seis niveles de francés a los estudiantes del Colegio del Verbo Encarnado en Galway, Irlanda. En otoño del 2014, celebré mi 23 aniversario como profesora de Lenguas Bíblicas, dando clases de latín, griego y hebreo en la Universidad Estatal de Missouri, en Springfield, MO. 
En un sentido muy real, mi vida providencialmente ha cerrado un ciclo y me ha permitido hacer realidad el sueño de ser misionera; la razón por la cual dejé mi casa, mi familia y mi país hace ya muchas décadas.
Cada día nos ofrece una vez más la oportunidad y el privilegio de interactuar a nivel personal con los jóvenes, afirmándolos, desafiándolos y apoyándolos… a medida que se despliegan sus sueños. 

Es mi esperanza sincera y mi ferviente oración que los padres de familia de nuestros tiempos nutran en su familia una experiencia profunda y personal del amor de Dios y en esa forma fomenten vocaciones religiosas en quienes serán testigos del amor fiel de Dios en el siglo XXI y más allá.    

lunes, 7 de septiembre de 2015

Preparándonos para el Día Mundial de la Juventud -2016

(Por Sister Alice Holden, CCVI) Hace algunos días, nuestra hermana Conchessa Johnson, CCVI me pidió que asistiera a un evento de oración que se celebraría en Saint Anthony's High School. Sugirió que tal vez a Joan - nuestra hermana- también le gustaría asistir y lo hizo. Cuando llegamos, no teníamos idea de lo que iba a suceder. Al final de la noche, comprendí de nuevo que es cierto que siempre que damos algo, recibimos cien veces más.
El evento fue el lanzamiento del Día Mundial de la Juventud 2016, en el que jóvenes de todo el mundo se reunirán con el Papa Francisco en Cracovia, Polonia. Es una oportunidad maravillosa. El Papa Juan Pablo II inició el Día Mundial de la Juventud para motivar a los jóvenes católicos a conocer y difundir su fe. Varios estudiantes de San Antonio estarán entre los jóvenes que se congregarán en Polonia para reunirse con el Papa Francisco. 
La oración de la noche comenzó con una letanía, creada bellamente, para pedir a la Trinidad las necesidades específicas de estos jóvenes. Después se pidió la ayuda de Santiago, el patrono de los Peregrinos y los Viajeros; de Santa Catalina Tekakwitha, una joven indígena americana que fue testigo de nuestra fe; de Santa Teresita, patrona de los misioneros y abogada de los jóvenes; del Beato Pier Giorgio Frassati, conocido por su amor a las Bienaventuranzas y patrono de los adultos jóvenes y del Papa Juan Pablo II, patrono e iniciador del Día Mundial de la Juventud, nacido en Polonia.
Los cantos que estos jóvenes entonaron y las oraciones que elevaron estaban tan llenos de energía y entusiasmo que me llené de asombro. Supongo que he estado lejos de la cultura de los jóvenes durante demasiado tiempo. Después de entonar varios cantos, los jóvenes salieron para una representación de la Pasión de Cristo. Después volvieron a entrar para recibir la Bendición con el Santísimo Sacramento y hacer adoración; a esto siguió la Misa, oficiada por el Arzobispo Gustavo.
Su homilía mostró un gran entusiasmo y aprecio por la fe y la actitud orante de los jóvenes que asistieron al evento. Sin embargo, también los retó a seguir trabajando para dar a conocer la Palabra de Dios. Dijo que todos tenemos que hacer más, excepto las Hermanas, pues ellas ya han hecho lo suficiente.
En ese momento, sentí un desafío. Creo que todavía tenemos mucho que hacer, no estando siempre demasiado ocupadas, como tal vez lo hemos estado en el pasado, sino en formas nuevas. Debemos animar a las y los jóvenes a ver que son parte de este maravilloso proceso evolutivo de la Divinidad que está en nuestro interior. En efecto, hicimos lo que pudimos en el pasado, pero si todavía estamos vivas, no hemos terminado. ¿Entonces, qué estamos llamadas a hacer?

Al parecer, estamos llamadas a tener un espíritu contemplativo más profundo que nos dará esperanza y un gran gozo; es nuestro legado para quienes vendrán detrás de nosotras. Debemos dar vida a una visión nueva y más profunda que fortalezca a las y los jóvenes para ver hacia el futuro con esperanza, que nos dé fortaleza para encontrar gozo hasta en el sufrimiento que representa el proceso de envejecer y para ver que nuestra propia muerte es una plenitud. Sabemos que estamos aquí ahora para señalar el camino hacia el Hogar.  

A medida que la noche y la liturgia llegaban a su fin, siendo ya mucho más tarde de la hora en que normalmente me voy a dormir, me di cuenta que había utilizado muy bien ese tiempo. Doy las gracias a nuestra hermana Conchessa por invitarme a participar ¡Ha sido un honor! Doy las gracias a  las y los jóvenes católicos de San Antonio y al Arzobispo Gustavo por compartir esta noche con nosotras y nosotros. 

Para concluir, recordemos orar por todos los involucrados en el Día Mundial de la Juventud, del 19 de julio al 2 de agosto de 2016.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Mujeres que comparten

(Por Nicole Foy - WGC) Una de las lecciones más importantes que Sister Dot Etling, CCVI, cofundadora de Women Global Conection, les enseñó a las mujeres de Buwea, Tanzania, fue tener transparencia en todas las cosas, dijo Regina, líder del grupo.
Ella nos enseñó los frutos de esa lección hoy, en un viaje a la aldea rural de Itahwa. Las mujeres de Buwea, provenientes de varias aldeas, viajaban a Itahwa para reunirse dos veces al mes con las líderes de Buwea y hablar sobre el estado de los micro-préstamos individuales que ellas usan en sus pequeños negocios domésticos; préstamos que han sido posibles gracias a su relación con WGC.
De hecho, toda esta empresa, que ahora se llama Fondo Ettling para Préstamos Revolventes, en honor a S. Dot Ettling, comenzó con solo 100 dólares que S. Dot envió a Buwea después de organizar una venta de artesanías en San Antonio hace varios años, en la que se vendieron canastas hechas a mano por mujeres africanas.
El fondo ha crecido significativamente durante los años recientes. El año pasado, Buwea hizo préstamos de 50 dólares en promedio a las 580 mujeres que participan en este plan, y los intereses que se ganaron se usaron para construir una panadería en el campus de la plantación de soya donde se están elaborando productos hechos con harina de soya, casava y plátano con ayuda de las mujeres.

La amistad y la promoción de la dignidad humana, son la piedra angular de la misión de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, y estas mujeres también las están haciendo florecer y están logrando cosas asombrosas.

martes, 1 de septiembre de 2015

Ours is a lifelong commitment

By Sister Pauline Nugent, CCVI.
It’s been a privilege to spend my life as a vowed member of the Sisters of Charity of the Incarnate Word (CCVI) of San Antonio, Texas. Ours is a lifelong commitment to actualize the love of the Incarnate Word in the everyday ordinariness of daily life.  Sustained by a life of contemplative prayer and Community support, we learn to create a safe and sacred space in our relationship with others so that we may affirm the dignity and differences of those whom we serve. I learned by experience the reality of God’s love in the heart of my Irish Catholic family where my religious vocation was nurtured and supported through daily prayer and Christian living.  At age 15 years, I left all to follow Christ as a missionary, in a life-impacting decision that I never regretted.  This personal call, coupled with the dynamic and personal experience of God’s beneficent love for all His people, has filled me with inner joy and peace even in the midst of the challenges and vicissitudes of life.
My active ministry has been teaching—a profession I cherish and value deeply.   Regardless of the level of instruction or subject matter, I hold this noble profession as the ideal standpoint from which to exert the most far-reaching impact for good in the lives of people.  As a teenager I began with 1st graders— truly a joy beyond compare.  Later I taught Latin, French and German at Incarnate Word High School in San Antonio. Still later, I taught six levels of French to co-eds at Incarnate Word College in Galway, Ireland.  This fall (2014) is my 23rd year as a professor of Biblical Languages, teaching Latin, Greek and Hebrew at Missouri State University in Springfield, MO.  In a very real sense, my life has providentially come full circle, allowing me to fulfill the dream of being a missionary—the reason I left home, family and country so many decades ago.  Each day offers anew the privileged opportunity of interacting on a personal level with young adults—affirming, challenging and supporting them— as their life dreams unfold.  
It is my sincere hope and prayer that the parents of today will nurture in their families a deep and personal experience of the love of God and thus foster religious vocations who will witness to the faithful love of God in the 21st century and beyond.

A Small Seed that is Planted, Grows and becomes Immense

By Patricia Estrada, Novice
My entrance to the Novitiate took place on August 16, at 6:00 p.m. This was an important step for me; it means the confidence of those who believed in the value of little things that can be transformed gradually and silently, but fruitfully. This step means that I will continue growing, transplanted to another soil-one that will offer me the space to continue giving my best, following the callt of the Incarnate Word.
During my ceremony I was accompanied by several Sisters, which filled me with joy in knowing that I am not alone on my journey but that the Sower has placed other seeds nearby to accompany me.
I wish to express my thanks to the community (soil) that helped me germinate, sprout and grow, my Community at the Claudio School. I wish to thank my new community at the Nazareth Novitiate, which is now receiving me. I wish to thank the Congregation for accepting me, because in order for the seed to grow it needs the faith of the sower, the faith that there is life in the seed, the patience required to develop, and the confidence that all of this will bring forth abundant fruits for the service to the Kingdom of God.
I ask for your prayers, knowing that they will nurture and water my perseverance.